"El Principito" es un cuento para
el niño que todos llevamos dentro. Es curioso encontrar noticias
de su autor, Antoine de Saint-Exupéry, en el libro de Carlos Tello
Díaz "El exilio. Un relato de familia" (Cal y Arena, 1993) porque
la obra trata de los últimos años de Porfirio Díaz y de la vida
de su gente a raíz de la Revolución, pero resulta que el aviador
estuvo a punto de emparentar con sus descendientes: novió con su
nieta Lila y conservó gran amistad con la familia, aún después de
su matrimonio con Consuelo Sunsin, salvadoreña que vivió en México
largo tiempo.
De personalidad encantadora, el
francés hispanohablante, recorrió Sudamérica y fue corresponsal
de "L'Intransigeant" en la guerra civil española, donde cubrió todos
los frentes. Protagonista de varios accidentes en su biplano, sufrió
el más aparatoso en 1923. Le costó varias fracturas en la cabeza.
Murió joven, derribado con su bimotor el 31 de julio de 1944, durante
una misión en el Mediterráneo. Cuenta Tello Díaz: "En la primavera
de 1929, estaba por salir a Buenos Aires, Argentina, para dirigir
allí uno de los primeros correos aéreos en América del Sur. En Buenos
Aires escribiría la mejor de sus obras, "Vol de nuit". Escribió
otras más. De "Terre des hommes" (Gallimard, 1939) traduzco un párrafo
que describe lo que entonces surge y hoy desaparece, porque creo
que es útil constatar que como seres humanos tenemos las mismas
reacciones:
"Si pensamos que la máquina abruma
al hombre es porque carecemos de perspectiva para juzgar los efectos
de los cambios tan rápidos que estamos sufriendo. ¿Qué son los cien
años de la historia de la máquina en comparación con los dos mil
años de la historia del hombre? Con trabajos nos instalamos en este
paisaje de minas y de centrales eléctricas. Apenas empezamos a vivir
en esta casa nueva, que no hemos acabado de construir. Todo cambia
rápidamente a nuestro, alrededor: relaciones humanas, condiciones
de trabajo, costumbres. Nuestra misma psicología se ve afectada
en sus bases más íntimas. Las nociones de separación, ausencia,
distancia, regreso, aunque usan las mismas palabras ya no contienen
las mismas realidades. Para aprehender el mundo de hoy, usamos un
lenguaje que fue establecido en el mundo de ayer. La vida del pasado
nos parece que responde mejor a nuestra naturaleza, por la única
razón de que responde mejor a nuestro lenguaje. Cada progreso nos
coloca un paso más adelante de los hábitos que apenas hemos adquirido,
somos unos emigrantes que no han fundado aún su patria."
Luz
Ma. Silva