Ir por México con el geógrafo Claude
Bataillon es el medio ideal de conocerlo. Recuerdo su castellano
con acento francés lleno de entusiasmo, hablando de las "cáidas"
de agua. Describe en su agotado libro "Espacios mexicanos contemporáneos"
(FCE, 1997) la heterogeneidad de nuestro país, que en sólo 2 millones
de Km2 de superficie, tiene una variedad similar a la mitad norte
de África, a Australia o a China acentuada por sierras, planicies
y el Istmo de Tehuantepec, donde la estructura geológica de América
del Norte da lugar a la de América Central.
Bataillon habla de la Sierra Madre
Oriental y sus 11 itinerarios de carreteras asfaltadas que comunican
al Golfo con la altiplanicie central. Salvo excepciones, en la vertiente
del Golfo llueve copiosamente y más con la altura. La estación seca
es corta y poco marcada. La Sierra alcanza su altitud máxima al
nivel del Eje Volcánico (Pico de Orizaba, 5 700 m). Hay planicies
importantes como la Huasteca (130 Km. en la cuenca del Pánuco),
la del este, a la altura del istmo, en la cuenca del Coatzacoalcos
y la de 160 Km., en Tabasco, formada entre las cuencas del Usumacinta
y el Grijalva. En cambio, la Sierra Madre Occidental, es mucho más
maciza. Sólo es atravesada por algunos pasos de acondicionamiento
más costoso. En la costa del Pacífico, la oposición entre la estación
de secas y la de lluvias es más o menos la misma a la orilla del
mar que en las tierras altas. Los conjuntos montañosos son muy densos
y con pocos claros, incluso en la costa. La planicie hacia abajo
es mínima. Se desciende rápido de grandes alturas (3,400 m) a grandes
profundidades marinas, como en Oaxaca.
Por su parte, el límite entre el
norte desértico y la altiplanicie del México central, donde la lluvia
es suficiente para una agricultura de temporal, dista de ser brutal.
Desde el país agrícola central de maizales, hileras de magueyes
y colinas con robles y pinos, el norte se distingue por sus terrenos
planos, con suelos salinos en valles cerrados, vegetación de estepa
y sierras húmedas y boscosas. En el "desierto", los terrenos planos
se pueblan de cactus, cada vez más espaciados, mientras sierras
y macizos carecen de vegetación. Sólo hay suelos yermos en los bolsones
de Coahuila y Chihuahua, en las partes planas del centro de la península
de Baja California y la zona costera de Sonora, donde aparecen dunas.
El desierto dispone, salvo excepciones, de suficientes ojos de agua
y fuentes que permiten la vida del hombre y el apacentamiento del
ganado.
Luz
Ma. Silva